Psicología Relacional de los Eneatipos Parte I: Relaciones por Eric R. Meyer, PhD

Psicología Relacional de los Eneatipos Parte I: Relaciones por Eric R. Meyer, PhD

Traducido por Magdalena Solari

Los patrones de los eneatipos se entienden generalmente como “estrategias de supervivencia” de la infancia. Aunque las explicaciones son bastante convincentes, yo argumentaré que esta idea se ha malinterpretado principalmente en dos aspectos. Primero, los patrones de los tipos se forman y accionan específicamente más por sentimientos negativos acerca de las relaciones (lo que es necesario comprender mejor), que por un miedo relacionado con la supervivencia física. Segundo, el comportamiento de los tipos es más una expresión de esos sentimientos y de reacciones en contra de ellos, que estrategias orientadas externamente, y cuando sí tienen un objetivo inmediato, estos no siempre son tan obvios como imaginamos. Es necesario que los eneatipos se expliquen con más profundidad, tanto para fines terapéuticos como para que se los reconozca como expresiones de la riqueza y la complejidad de la psicología humana. Jack Killen relacionó las emociones del miedo, la angustia y la ira con las tríadas de la cabeza, el corazón y el cuerpo y caracterizó a los tipos por sus estilos de regulación emocional en “Toward the Neurobiology of the Enneagram” (Hacia una Neurobiología del Eneagrama) (Enneagram Journal, Julio 2009, pp. 40-61). Kristin Arthur y Katherine Allen usaron métodos empíricos para evaluar la ansiedad y la evitación, y explicar el contraste entre los tipos en “The Nature of Love: Understanding the Enneagram Types as Nine Expressions of Attachment” (La naturaleza del amor: comprensión de los tipos del Eneagrama como nueve expresiones de apego). (EJ, Julio 2010, pp. 6-21). Si se establecen conexiones significativas con la psicología y la biología actual podremos avanzar en nuestro propio entendimiento y despertar un mayor interés en el público.

Aquí me propongo investigar la psicología interna de los eneatipos, proponiendo experiencias subjetivas en las relaciones tempranas que llevan al desarrollo de cada patrón de los tipos e insistiendo en un enfoque terapéutico relevante. Para esto me apoyo en la poca investigación científica que creo pertinente, mi comprensión general de la psicología y la biología de la evolución y (en general) en mi propia experiencia interna y mi percepción de los demás. A los que se preocupan como yo de la metodología, les digo que esto es esencialmente un proceso empírico, por no decir científico. Parece ser el único camino a tomar, ya que la experiencia subjetiva solo puede investigarse subjetivamente y dicha indagación solo puede juzgarse por sus resultados1.

Sentimientos vs Estrategias

El origen de los tipos tiene que ver con dificultades experimentadas tempranamente en la infancia, un período muy largo de total y luego casi total dependencia de sus cuidadores. Aunque eso parezca 2 simple y obvio, las consecuencias pueden pensarse de diferentes maneras. Si nos enfocamos en el niño de manera aislada, en sus necesidades básicas y en la manera imperfecta en que son cubiertas, en sus miedos y en la necesidad de superarlos, construimos el modelo familiar de “estrategia de supervivencia” de los tipos. De alguna manera el niño comienza a ver el mundo como fundamentalmente defectuoso, y con el tiempo adopta una estrategia lógica para sobrevivir en el ambiente que percibe. Ese patrón del tipo se vuelve un hábito profundamente arraigado y básicamente disfuncional, pero después al hacerse uno consciente de ello, puede corregir la propia percepción del mundo, aprender a manejar la reactividad y ser libre de elegir otra cosa.

Ese es el análisis de la psicología cognitivo-conductual de hace cincuenta años. Considera solo las percepciones, necesidades, estrategias y elecciones de las personas concebidas como individuos puramente racionales. Identifica los malos hábitos y supone que uno solo necesita empezar a hacer las cosas de otra manera para obtener resultados diferentes y sentirse diferente. Pero ese no es un modelo correcto para entender a seres humanos complejos, menos todavía a niños con cerebros en desarrollo y habilidades físicas mínimas cuyas limitaciones son bastante obvias. Los niños no viven aislados, ponen gran parte de su atención en la conexión con sus cuidadores y aprenden mucho acerca de ellos mismos a través de su relación con los demás. Las relaciones no son solo una necesidad de supervivencia ni siquiera en la infancia, ellas son cruciales en la experiencia humana. Los sentimientos no son solo una respuesta a nuestras circunstancias, sino que tienen vital importancia. En los últimos años, la neurobiología redescubrió el rol esencial de los sentimientos ̶ que no siempre se registran conscientemente ̶ , en motivar nuestros pensamientos y acciones. (En particular, parecen primordiales en la clase de respuestas rápidas implicadas en los patrones de reactividad.) Muchas escuelas de psicología y terapia reconocen eso ahora, yendo más allá del campo puramente cognitivo-conductual. Las relaciones son cruciales. Los sentimientos importan. Los sentimientos acerca de las relaciones moldean la personalidad.

Así que si nos enfocamos en un mayor rango de sentimientos en los niños, y en la riqueza y la calidad de conexión con los demás, aparece un modelo de tipo bastante diferente. El niño empieza a sentir que falta algo crucial en su relación con sus imperfectos cuidadores y así se arraigan profundamente malos sentimientos en su sentido de sí mismo y de su conexión con los demás. Preocupado por ello formula una idea positiva equivalente para generar buenos sentimientos que sustenten su propio sentido del yo en desarrollo. A medida que es más capaz, esa preocupación también comienza a expresarse en su comportamiento. Los malos sentimientos que hay por detrás quedan sin abordar, así que esos patrones de sentimientos y comportamientos persisten y se afianzan. Más adelante, al concientizarse del patrón del tipo y sus causas, la persona puede aprender a desarrollar sentimientos más sanos respecto de sí mismo y en conexión con los demás, su reactividad puede disminuir y quizás sentir que se abren más posibilidades ante él.

Esta es la idea que tiene más sentido para mí: los eneatipos son patrones relacionales. Naturalmente, dada la complejidad de la mente humana, esa idea termina generalizándose en visiones del mundo extensas, detalladas y en elaboradas experiencias de vida que las personas comparten con todo detalle. Pero contar la historia de esa experiencia puede reforzarla y también reforzar los sentimientos que la acompañan y explicar lo que pensamos que hacemos parece fácil. La mente humana está tan determinada a encontrarle sentido a todo, que constantemente llena los vacíos e imagina explicaciones posibles. A veces recordamos tener especial cuidado en esto, como en la ciencia y usamos palabras como “hipótesis” o “teoría”, cuando no, simplemente confabulamos, imaginamos, muchas veces sin darnos cuenta de ello. Cuando pensamos que deberíamos recordar cosas que no recordamos, empezamos a inventarlas, por ese motivo los relatos de testigos pueden diferir mucho y las historias del pasado pueden volverse extrañas con la pérdida de memoria en edades avanzadas. Cuando pensamos que deberíamos saber por qué tenemos miedo pero no lo sabemos, examinamos el medioambiente hasta que identificamos una potencial amenaza. Cuando pensamos que deberíamos entender por qué hacemos algo pero no lo entendemos, tratamos de imaginar un propósito posible para el cual podría servir y lo interpretamos como una estrategia racional con un objetivo. O descubrimos que esto ya se ha hecho para nosotros y lo leemos en los libros de Eneagrama.
En realidad cualquier comportamiento puede llamarse estrategia de supervivencia, sin que hayamos aprendido algo de ello. Los biólogos se preocupan de la facilidad con la que uno puede imaginar explicaciones adaptativas (Steven Jay Gould las llama “solo historias”); la popularización de la teoría evolutiva ha llevado el problema a toda la cultura. Esas historias sobre las estrategias racionales de los tipos que animamos a las personas a creer como descripciones de ellos mismos no son particularmente agradables; las juzgamos pensando que encierran graves errores de percepción o vicios morales. Recuerdo hace algunos años haberle preguntado a una facilitadora de Eneagrama que era un Dos, si los Dos realmente “daban para obtener” cariño de los demás y para ser a su vez cuidados. Era tan básica la pregunta que me sentí un poco tonto haciéndola, y ella quizás también se sintió algo desconcertada, y sin embargo esa historia de desesperación y egoísmo no me conformaba ni creía que coincidiera con los Dos que yo conocía. Dudo que las personas sientan con franqueza que eso es verdad, en cambio recurren al principio de que es una estrategia inconsciente, un buen ejemplo de cómo la pseudociencia muchas veces defiende sus argumentos haciendo que sean imposibles de refutar.

El hecho es que lo inconsciente puede llevarse a la conciencia y somos bien capaces de discernir entre lo que sentimos internamente y lo que queremos creer de nosotros mismos aunque no estemos acostumbrados a hacerlo. Cuando recuerdo mi propio descubrimiento al reconocerme como Cinco, me doy cuenta que la clásica experiencia del “ajá” tiene que ver con el reconocimiento de la reactividad, no con la explicación de los motivos del tipo. Mi reacción a ello fue menos entusiasta: Supongo que debe ser por eso que hago esto, eso tiene sentido. Pero los Cinco no se retiran realmente para observar porque no se sienten suficientemente preparados para actuar: ambas cosas de hecho pueden ser verdad, pero son consecuencia de algo más. Esa explicación ni siquiera tiene que ver con las relaciones, ya que nadie parece saber qué buscan los Cinco con ello y si lo supiéramos, probablemente obtendríamos una historia del tipo “los Dos dan para recibir” o “los Tres tratan de ganar amor”. Esos son relatos superficiales que pueden hacernos sentir incluso peor respecto a nosotros mismos que antes de conocer el Eneagrama.

La naturaleza fundamentalmente relacional de los eneatipos quizás sea más obvia en unos casos que en otros. Se supone que la conexión es la especial preocupación de la tríada del corazón y no tanto de los otros tipos que tienen sus propios problemas con el miedo y la ira. Pero la ansiedad no es la única emoción que surge en las relaciones, también aparecen el miedo y la ira. La teoría del apego también puede explicar cómo la preocupación de algunos tipos respecto de las relaciones se pasa por alto. Arthur y Allen encontraron que el Uno, Tres, Cinco y Siete demuestran “poca ansiedad” lo que significa que monitorean menos la información en las relaciones. (Una típica declaración en el cuestionario ECR-R (experiencias en relaciones cercanas-revisado) es “No me preocupo demasiado porque mi pareja me deje.”) También encontraron que todos los tipos del lado izquierdo del Eneagrama mostraban una “alta evitación” reflejando un estilo de apego inseguro. (Una declaración típica es “Prefiero no demostrarle a mi pareja lo que siento en el fondo”.) Cualquiera de esas tendencias hacen ver a las personas menos enfocadas en las relaciones y el tipo Cinco tiene las dos, sin embargo eso no significa que a los Cinco no les importen las relaciones, como muchos suponen y algunos Cinco incluso prefieren pensar. 2

Proximidad y Espacio

Los motivos inmediatos de nuestro comportamiento no siempre son tan obvios como imaginamos, ni tampoco son los mismos incluso en personas del mismo tipo. Hasta en los niños pequeños no todo tiene que ver con querer o tratar de estar más cerca de los demás o conseguir algo de ellos. Hay veces en que sí queremos conexión (y quizás no podemos tenerla) y otras veces en que ya hemos tenido suficiente, al menos por el momento (y no podemos escaparnos de ella). A medida que los niños comienzan a explorarse a sí mismos y al mundo, un balance o ritmo natural aparece entre la curiosidad y el descanso, el deseo y la satisfacción, la proximidad con los demás y el espacio necesario para la propia experiencia interna.

Volviendo al ejemplo del patrón del Dos, eso puede ayudarnos a entender la incomodidad que experimentamos muchas veces cuando tratamos de devolver al Dos la atención y el cuidado que pensamos que desea: quizás no los quiera para nada en ese momento. Quizás cuide a los otros con la intención de acercarse a ellos, pero también puede hacerlo para mantener una distancia psíquica confortable cuando lo necesita, enfocándose en los demás en vez de en sí mismo. La misma preocupación por cuidar tiene a veces propósitos relacionales opuestos en diferentes momentos y las dos tendencias pueden volverse parte del estilo de la personalidad. Los Dos pueden cuidar como forma de perseguir o de seducir y algunos lo hacen de manera habitual, mientras que otros se enfocan más en la ética, adoptan el típico papel de salvador y quizás se acercan a una relación íntima como un proyecto de mejorar o curar a su pareja. En realidad pueden ocuparse de sus propias necesidades y quizás prefieran hacerlo, cuando los intentos de reciprocidad parecen chocar con una pared, el mensaje que estamos ignorando es “necesito mi espacio”, tal como lo necesita cualquier otra persona. El patrón del Dos no siempre tiene que ver con acercarse a los demás o conseguir algo de ellos, así que no deberíamos decirles que eso es lo que inconscientemente están haciendo y debilitar así la conciencia de su experiencia interna.

La preocupación de cada tipo puede tener como objeto cualquiera de esos dos motivos relacionales opuestos, todos necesitan a veces una mayor conexión con los demás y otras veces más espacio. La oscilación entre ambos es natural, aunque muchos creen que uno de ellos juega un rol mucho más importante en sus vidas que el otro. Por lo tanto, habrá dos estilos algo diferentes en cada tipo, como el Dos seductor y el Dos idealista que ya describimos. Eso es algo que en realidad ya sabemos y hemos tratado de expresarlo distinguiendo entre los que tienen “ala Tres”, encantadores y ambiciosos que promocionan sus cualidades personales y los que tienen “ala Uno”, más orientados al deber y altruistas, orientados al bienestar y el cuidado de los demás. Los mismos deseos crónicos de proximidad o espacio explicarán igual de bien las alas de los otros tipos: un ejercicio que dejo a los lectores por la necesidad de brevedad e incluso por cambios posibles de un estado de vida a otro. (Yo mismo me volví un fanático de la ciencia, Cinco con “ala Seis” en el secundario, un período en el que tenía mayor necesidad de espacio que nunca antes o después.) Es importante recordar que los dos motivos juegan un papel en la vida de la mayoría de las personas, así que los estilos no serían completamente diferentes; a veces alternamos entre los dos, sin estar seguros cuál de ellos nos hará felices. Un simple motivo relacional es una explicación más precisa para ese fenómeno y tiene más sentido para el público en general que la explicación de la influencia de los tipos vecinos. (En realidad cualquiera puede experimentar la reactividad de uno de esos patrones en sí mismo, pero eso es otra historia.)

Como Cinco, muchas veces sentí que mi tipo no se describía o se entendía tan bien como los otros3, y me asombraba cuánta gente me preguntaba cómo debía entender o lidiar con un Cinco en sus vidas, muchas veces inseguros de si esa relación le importaba algo al Cinco en cuestión. Eso pocas veces figura en las descripciones de los tipos, como si el patrón consistiera solo en evitar las relaciones, precisamente lo opuesto de la situación del Dos donde solo suele verse su deseo de proximidad. La típica descripción retrata solo una de las orientaciones para el tipo Cinco, la que se enfoca en mantener su espacio libre de intrusiones. Aún en ese modo, desea las relaciones aunque las entable con cuidado, por ejemplo, jugando el típico rol del experto. Y después está el otro aspecto del Cinco a considerar: buscar lo que parecen ser raras oportunidades de conexiones significativas y desarrollarlas por medio de la observación y el entendimiento. Antes que hablar de “alas”, que no explican muy bien lo que las personas sienten y hacen, podría ser una buena idea reconocer el rango completo de comportamiento relacional de cada tipo.

La atención puesta en los sentimientos

En la tradición narrativa aprendí algo especial y valioso al compartir la experiencia del tipo en los paneles tanto energética como verbalmente. Tengo un vívido recuerdo de mi primer taller que duró una semana, sobretodo de un panel del Tres en el que una mujer profesional muy segura llegó profundamente al dolor y frustración central de su tipo y confesó: “No sé quién soy en realidad” y comenzó a llorar. Eso me movilizó y luego traté de decírselo agradeciéndole por compartirlo; ella me miró desorientada y preguntó por qué le estaba dando las gracias, insegura de qué bien real le había hecho eso a ella o a mí y de pronto yo tampoco estaba seguro de nada. Me afligió que su experiencia en el panel hubiera terminado en ese momento, cuando ella había llegado a algo verdaderamente importante, como si no supiéramos qué otra cosa decir o hacer.4 En los años siguientes participé en muchos paneles más donde sentí que compartir mi experiencia y descubrir sus profundidades era mejor que guardarla para mí mismo, pero en un punto continuar repitiendo mi historia ya no me servía, sin importar lo útil que fuera para otros entender la experiencia del Cinco. Nunca me llevó a una profunda confrontación con el problema central de mi propio tipo y no encontré ninguna idea de otro que fuera muy convincente.

Ese es el resultado inevitable cuando un tema que involucra sentimientos profundos se aborda más que nada a nivel cognitivo. Aunque muchas personas al oír algo como “sentimientos profundos” pueden retroceder, imaginando revivir cada recuerdo desagradable de su infancia, reviviendo una y otra vez los mismos sentimientos dolorosos de los que nunca pudieron escapar, quizás incluso haciéndolo en público. La necesidad de hacer eso no es muy clara, ya que no se supone que una situación en particular determine nuestro tipo (aunque eso podría ser una presunción natural si el tipo fuera una estrategia adaptativa). Hurgar en los detalles de nuestra historia personal no es para todos, pero por suerte hay otras alternativas prometedoras. Una es detenerse y explorar las inmediatas sensaciones corporales a través de un método terapéutico como la experimentación somática, como vi (y experimenté) en los paneles que Marion Gilbert conduce tan bien. Eso es muy eficaz y el contexto de un taller es lo suficientemente contenedor para un proceso de ese tipo. También debe haber otras formas de abordar sentimientos tempranos simples y profundos que sean a la vez apropiadas y útiles en ese contexto. Ya sabemos cuáles son muchos de esos sentimientos.

Todos parecen coincidir en que la experiencia del Tres es la de no sentirse amado por sí mismo, y en definitiva no sentirse seguro de quién es en realidad. Sea como sea que funcione el patrón resultante y aunque se haga consciente, no por ello podemos abordar de esa forma el sentimiento de no ser amado por uno mismo ni el rol que este tiene en dirigir el patrón del tipo. En su lugar, debemos tomarnos el tiempo para experimentar y trabajar con esos sentimientos. ¿Y si en vez de dejar que el Tres se sienta no amado e inseguro de quién es se lo estimulara a bucear directamente en su cuerpo los sentimientos de quién es y de ser amado? Cuando me di cuenta de que yo también necesitaba trabajar el tema del Tres en mí, varios años después de esa experiencia de taller ̶ sin ser, dicho sea de paso, una conexión prevista para el Cinco por ninguna línea del Eneagrama, de cuya importancia soy muy escéptico ̶ , me sorprendí al darme cuenta de que yo tampoco veía el punto en hablar sobre ser amado “por quién soy”. Se supone que los padres aman a sus hijos, pensé, eso es lo normal, incluso es biológico. ¿Qué tiene que ver eso con el hecho de “ser yo”? Esa clase de vacío o incomprensión de un sentimiento relacional clave (que puede ser más característico de un trauma temprano) o alternativamente de una cierta tristeza, herida o deseo conectado a ello (lo que es más común probablemente) sugiere una necesidad de trabajar con ese sentimiento para abordar eficazmente el correspondiente patrón del tipo.

Naturalmente, debería haber otro sentimiento perdido que jugara un verdadero rol central para mí como Cinco. Si se hubiera invitado a los Cincos durante décadas a explorar sus sentimientos respecto de sus relaciones sabríamos qué es lo que los Cinco sienten en falta y qué causa que la interacción se vea demasiado problemática como para que valga la pena. Es posible que los patrones del tipo también envuelvan simples estrategias, estoy en deuda con Mario Sikora por una larga conversación sobre ese tema que me reaseguró que los maestros de las “estrategias” pueden imaginarlas motivadas por sentimientos y me recordó que las estrategias también pueden tener un papel en manejar nuestra reactividad. Por ejemplo la autosuficiencia puede llamarse la estrategia del Cinco y esta puede envolver sub-estrategias como el manejo cuidadoso de los recursos y el planeamiento. Pero la primera pregunta sobre el patrón es por qué deberían sentirse las relaciones como un problema de demandas a resistir y por qué sería deseable la auto-suficiencia en un mundo lleno de otros seres humanos.

1 Copyright © 2016, Eric R. Meyer. Este artículo resume elementos de un trabajo mayor en proceso.

2 Ese curioso patrón de ansiedad par-impar entre los tipos debe explicar las semejanzas descritas por la escuela de Riso- Hudson como “grupos harmónicos”: el grupo de competencia Uno-Tres-Cinco que trata de ser práctico y evitar la carga emocional son precisamente los tipos de “baja ansiedad” y podría extenderse hasta el Siete. El grupo “reactivo” Cuatro-Seis-Ocho junto con el Dos son los tipos de “alta ansiedad” que tienen temas interpersonales a tratar. (El tipo Nueve muestra resultados mixtos tanto en las escalas de ansiedad como en las de evitación.)

3 El hecho es que muchos tipos no se comprenden bien todavía e incluso los testimonios personales que escuché (y di) en paneles fueron más que nada para ilustrar y confirmar teorías pre-existentes sobre cómo funcionan los tipos.

4 Por supuesto reconozco que siempre es necesario trabajar individualmente y como descargo diré que un taller de Eneagrama “no está pensado como sustituto de la psicoterapia o el counseling”. De todas formas creo que deberíamos actuar mejor en momentos como ese.

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