Psicología Relacional de los Eneatipos Parte II: Personalidad de Eric R. Meyer, PhD

Psicología Relacional de los Eneatipos Parte II: Personalidad de Eric R. Meyer, PhD

Traducido por Magdalena Solari

El comportamiento de los tipos no es simplemente un conjunto de hábitos desactualizados basados en percepciones equivocadas, sino que continúa desarrollándose debido a una cierta sensación de incorrección en las relaciones que puede ser identificada y abordada. Se describe a la experiencia del tipo como el fracaso constante en obtener los resultados deseados, pero ningún resultado real podría hacernos sentir lo que nosotros querríamos sentir. El problema no es solo una suposición negativa del pasado que puede corregirse poniendo atención en las experiencias positivas, o una estrategia incorrecta que puede revisarse al ser detectada. Una persona que tiene dificultades para sentirse querida puede quedar atrapada en la misma vieja historia y no registrar ese sentimiento incluso cuando al día de hoy sea tratada con cariño. Una persona que tiene dificultades en sentirse apoyada quizás no se sienta suficientemente reconfortada por una palmadita en la espalda, note esa disonancia y quede desconcertada con el gesto. No es solo que ignoramos o descartamos la experiencia positiva en estos casos, sino que hemos perdido la capacidad de conectarnos de manera apropiada mucho tiempo atrás, incluso cuando ahora sea posible.

Los patrones de los tipos surgen como adecuaciones a esa sensación de desconexión, como orientaciones o disposiciones más que como estrategias. Un sentido de propósito (a veces urgente) se asocia claramente con ellos, así que la palabra “estrategia” puede parecer lógica, aunque no debe tomarse de manera demasiado literal. Se forman en la imaginación de un niño pequeño, cuyos cuerpo y mente están todavía en desarrollo, así que no son completamente maduros o realistas. Si queremos entender su naturaleza y propósito debemos considerar cómo se sienten y procesan las primeras experiencias. Todos comenzamos a experimentar dificultades en las relaciones durante la primera infancia, probablemente incluso antes de nacer y hasta en los mejores hogares, no tanto porque se ignoren nuestras necesidades físicas, sino porque como seres humanos somos sensibles a mucho más que eso: a la presencia energética completa de las personas que nos cuidan y a sus deficiencias. El cuidado físico nos conserva vivos, pero las meras acciones y las palabras luego, no significan tanto para nosotros a menos que se expresen con el correspondiente mensaje energético; y la capacidad de las personas para hacer esto puede estar limitada por sus propias experiencias tempranas o por cómo las sobrellevaron desde entonces.

Para los infantes que todavía están aprendiendo a distinguir el propio yo del de los demás, la mala sensación de esas experiencias puede tomarse e incorporarse fácilmente a su propio sentido del yo en desarrollo. Mientras tratan de entender lo que está pasando, comienzan a sentirse mal respecto de sí mismos, lo que es demasiado perturbador y doloroso como para que el frágil concepto del yo se mantenga intacto. Esto cambia profundamente los términos del problema. Ya no se trata solo de la calidad de la conexión o el cuidado y las expectativas al respecto podrían comenzar a disminuir, porque si empezamos a sentir que hay algo malo en nosotros, entonces tal vez no nos mereceríamos nada mejor. El verdadero desafío entonces es cómo sostener el sentido funcional de un yo básicamente bueno, a pesar de esa amenazante mala sensación o incorrección. Al principio probablemente esto no funcione muy bien y se vuelva difícil permanecer en nuestra propia experiencia y entonces comenzamos a abandonar un poco el cuerpo.

No hay mucho que podamos hacer para remediar esta situación y sin embargo es una grave amenaza para nuestro desarrollo psíquico. A medida que vivimos más en nuestros pensamientos, perdiendo la confirmación somática de nuestro sentido del yo, la imaginación debe volverse muy activa a causa de la desesperación, preguntándose qué otra cosa podríamos ser para sentirnos bien otra vez. Y así, en un intento de evitar la mala sensación de no sentirse lo suficientemente querida, ni quizás merecedora de serlo, una pequeña Dos comienza a identificarse con la bondad intrínseca del cuidado y quiere encarnar ese cuidado, finalmente viéndose a sí misma como una agente de cuidado en un mundo desconsiderado; no para conseguir algo a cambio, sino simplemente para sentirse una buena persona y mantener intacto su sentido del yo.5 Al principio esta preocupación debe ser solo una sensación o idea, una auto-imagen, pero a medida que crece comienza a inspirar comportamiento.

Algunos aspectos de esta explicación son necesariamente especulativos de mi parte y pueden incluso estar destinados a quedar así, sin embargo me siento bastante seguro del hecho central de que los patrones del tipo no tienen que ver con conseguir lo que una vez sentimos que necesitábamos sino con encarnarlo nosotros mismos y ofrecérselo a los demás. Indicios de ello son los nombres que se le dan a los tipos, como Ayudador, Protector, pero esto no ha sido mayormente reconocido por varias razones. No se ha buscado una psicología relacional consistente para todos los tipos; algunos de manera informal tienen que ver con obtener algo de los demás, mientras que en otros casos no parece ser así. Confundimos muy fácilmente a la persona con el tipo: mientras que cualquiera puede querer y buscar amor y cuidado, eso no significa que el patrón de su tipo sea una estrategia para obtenerlos. Y el comportamiento que surge del patrón del tipo, aunque sea bien intencionado, puede sentirse de alguna manera distorsionado o menos genuino, así que las personas (que también tienen sus propios problemas) pueden realmente malinterpretar lo que el Dos o el Tres hacen, sospechando una segunda intención.

Nueve idealizaciones de las relaciones

Hay un aspecto en particular en las primeras relaciones, un determinado sentimiento en falta y la correspondiente idealización asociada con cada patrón de los tipos. Aunque podríamos empezar con la reactividad de nuestro propio tipo, con el tiempo es probable que debamos trabajar con muchas de ellas, a medida que notamos dificultades en recibir cada sentimiento en particular. Podemos también reconocer un estilo idealizado de dar, un intento de identificarse o alinearse con alguno de estos aspectos de las buenas relaciones. Esta orientación o preocupación constante, casi como una misión de vida es lo que parece hacer de nuestro patrón particular nuestro “tipo” distintivo: no solo una reactividad más intensa que en los otros patrones que todos experimentamos en distintas medidas, sino una única idealización en el corazón de nuestra identidad personal.6 Cuando personas de otros tipos describen su reactividad, yo puedo reconocer esa experiencia en mí, pero cuando hablan de la idealización de sus tipos, cómo se ven a sí mismos, eso a veces me parece muy raro. No solo “nos guía” un patrón en particular, sino que es el único que desarrollamos completamente. Es con lo que nos identificamos mucho antes de haber sabido del Eneagrama, es el tipo de persona que pareciera que somos sin saber exactamente por qué. Solo podemos conjeturar la razón por la que nos fijamos a un tema o a otro, ya sea que haya sido el primero que nos llamó la atención durante un período crítico o el más marcado y ya que todos terminamos con un tipo, importa poco cuál fue.

Dada la complejidad humana, las idealizaciones terminan siendo muy generales: como Cinco siento la necesidad de observar y entender casi todo, a veces incluso como un escape por sentirme desencantado con las relaciones, pero el blanco de mi atención son en realidad las personas (y en especial los problemas que tienen). En el mejor de los casos, estas idealizaciones tienen que ver con encarnar la bondad misma y hacer de este mundo un lugar mejor. Todos somos dadores en ese sentido, no solo egoístas por naturaleza y muchos problemas en nuestra cultura deben venir de la frustración de ese impulso central a dar y otros de su lógica dificultad. Todas las idealizaciones pueden exagerarse hasta un nivel problemático y nunca logran evitar que nos sintamos mal con nosotros mismos otra vez. En disfunciones graves cualquiera de ellas puede volverse odiosa y destructiva: sin sentir de verdad nuestro propio valor o el valor de la vida, el intento de sentirnos bien con nosotros mismos puede degenerar fácilmente en la necesidad de sentirnos superiores a los demás o en fracasar completamente dejándonos llenos de odio por la vida. No quise incluir este extremo en la breve descripción que sigue de la experiencia promedio del tipo.

Uno: Este patrón tiene que ver con la dificultad de sentirse apreciado y aprobado. Los Unos cultivan su aprecio por el valor y el potencial de los demás y porque quieren verlos completamente desarrollados tienen altas expectativas para ellos y los demás. Se identifican con el valor de la fe en las promesas individuales, esperando resultados de los que puedan estar orgullosos. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede llevar al Uno a ser un perfeccionista inflexible, ignorando y luego desconcertándose con los comunes errores humanos. Los Unos quieren ver y sacar lo mejor de las personas en un mundo con bajas expectativas. Al mismo tiempo, siguen siendo sensibles a la aprobación de los demás.

Dos: Este patrón tiene que ver con la dificultad para sentirse cuidado amorosamente. Los Dos tienen una constante preocupación por cómo deben tratarse a las personas adecuadamente y les trastorna no poder cumplir con ese estándar. Se identifican con el valor de la preocupación amorosa por el bienestar de las personas y encuentran constantemente formas de demostrarlo en sus vidas. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede transformarse de manera desconcertante en parcialidad, posesión o manipulación. El Dos quiere ser la encarnación del cuidado amoroso en un mundo desconsiderado. Esta es la expresión de un valor idealizado, no una estrategia quid-pro-quo (dar para recibir), no importa cuán sensibles sigan siendo a la sensación de que no se los trata bien.

Tres: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse queridos por quiénes son realmente. Los Tres quieren sentir la excitación y el propósito de ser ellos mismos, a pesar de no estar ya seguros de quiénes son. Se identifican con el valor de la alegría de la conexión amorosa y se sienten guiados por el corazón, moldeados por la relación con los demás. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso conlleva la demostración exterior de aquello con lo que suelen tener problemas de sentir directamente, quedando atrapados en demostrar que son las mejores esposas, madres, etc. Los Tres quieren ofrecer una conexión amorosa a un mundo cruel. Invierten tanta energía en ello que terminan estando demasiado ocupados e impacientes, sin tiempo para la propia experiencia interna, especialmente para cualquier deseo de reconocimiento o amor.

Cuatro: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentir una conexión especial en las relaciones. La conexión especial, íntima y personal juega un rol muy importante en su vida, sin la que siente soledad y vacío. Los Cuatro desean la rica experiencia que de alguna manera perdieron y cultivan sus emociones para realzar una vida de otra forma “común”. Se identifican con el valor de la conexión especial y profunda y quieren sentirla y restaurarla en un mundo gris y deprimente. Perseguido con demasiada insistencia, como una idealización, eso puede aparecer como excesivo, melodramático y auto-indulgente. Cuando se acerca a alguien, pierde el sentimiento de conexión especial lo que causa que sienta que algo está mal y se aleje, dejando al Cuatro algo ambivalente en las relaciones.

Cinco: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse visto, escuchado y entendido. Las relaciones se sienten insatisfactorias así que los Cinco tienden a retirarse observando a los demás mientras dudan si alguien nota qué es lo que les pasa, o cualquier contribución que ellos hagan. Se identifican con el valor de poner atención y comprender, en especial lo que los demás parecen ignorar. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, eso puede hacerlo parecer distante o impersonal. Los Cinco quieren ser los perceptivos en un mundo desatento. Al mismo tiempo ellos no registran todavía esa cualidad de atención en ellos mismos, y otros pueden detectar eso, lo que ayuda a explicar la incomodidad de los Cinco en los contactos que ellos no son conscientes de haber iniciado.

Seis: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse confiadamente apoyados. Los Seis se vuelven dudosos, incluso desconfiados, siempre buscando y nunca sintiéndose realmente seguros. Se identifican con el valor de la lealtad y la confiabilidad, incluso desviándose del camino para apoyar a un “ser indefenso” abandonado, porque otros no lo harán. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización, su sistema de alianzas puede volverse demasiado apasionado y frágil, sujeto a cambios repentinos de juicio debido a dudas y miedos, reales o imaginados. Los Seis quieren ser personas confiables en quienes apoyarse en un mundo caprichoso e inseguro. Al mismo tiempo continúan con grandes problemas para confiar en sí mismos.

Siete: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentir que los demás también quieren lo que es bueno para ellos. Los Siete empiezan a anticipar y a resistirse a las restricciones a su libertad, sospechando que los demás las imponen por sus propias y dudosas razones. Se identifican con el valor de lograr la respuesta mejor y más satisfactoria, para ellos y los demás. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización eso los vuelve propensos a utilizar la racionalización y la acción unilateral. Los Siete quieren maximizar su satisfacción en un mundo equivocado, confiados en que ellos saben lo que es mejor para los demás. También siguen estando ansiosos por escapar de cualquier perspectiva limitante.

Ocho: Este patrón tiene que ver con la dificultad en sentirse respetado. Los adultos ejercen el poder en la temprana infancia del Ocho y este se preocupa de que el poder se ejerza para beneficio de los adultos. Se identifican con el valor de defender el valor individual, encontrando poder en su propia ira cuando alguien se aprovecha de aquellos que no pueden defenderse solos. Perseguido con demasiada insistencia como una idealización eso puede parecerle desproporcionado o avasallante a los demás. Los Ocho quieren destacarse por ser justos en un mundo potencialmente abusivo. Al mismo tiempo siguen en guardia contra cualquier traición que pudieran descubrir.

Nueve: Este patrón tiene que ver con la dificultad de sentirse bienvenido e incluido. Los Nueve se sienten no queridos, como participantes periféricos o de segunda clase cuyos deseos o quehaceres no importan a los demás. Se identifican con el valor de la inclusión y la armonía, imaginando un mundo en el que todos sean bienvenidos y preocupándose por todos los que no parezcan serlo. Perseguido con demasiada insistencia, como una idealización, esto puede crearles dificultades para hablar por sí mismos o para reconocer y lidiar con sus verdaderos problemas. Los Nueve quieren unir a un mundo lleno de personas que tienen problemas en convivir. Al mismo tiempo continúan sorprendiéndose y resintiéndose al sentir que los pasan por alto.

Hice descripciones breves y simples porque ya estamos muy familiarizados con las consecuencias del funcionamiento de cada tipo. De todas formas hay algunas revisiones de las ideas estándar de los tipos.7 Por ejemplo, los Unos se preocupan más que nada por el aprecio y la realización de su propio potencial y el de los demás, no solo por la perfección de los resultados. Los Cincos dan un paso hacia atrás “del mundo” lo que significa: de las relaciones, porque se sienten invisibles y esperan ser ignorados o vencidos; el conocimiento se transforma en un sustituto no de la acción sino de la conexión. Pero por sobre todo, los patrones de los nueve tipos no son estrategias extrañas y egoístas para conseguir la conexión con los demás que una vez sentimos que necesitábamos, en verdad pareciera que perdimos esa expectativa completamente, incluso a pesar de que continuemos experimentando una reactividad dolorosa por ello. Más bien son maneras torpes de dar en las relaciones, incluso de querer hacer del mundo un lugar mejor y nuestra tarea en la adultez es comenzar a liberarnos de esa incomodidad subyacente que puede hacer aparecer esos intentos como dislocados o excesivos y muchas veces que no funcionan o no se sientan bien. Escuché hace poco una muy buena observación de una Dos que fue entrevistada sobre su tipo:

“La gente dice que doy y que soy generosa… para mí, decir que soy generosa, no sé, yo no podría decir eso de mí misma, pero esa es mi actitud. Yo doy…si hay cosas que los demás necesitan, que necesitan que pasen, entonces voy a saltar, voy a saltar para ayudar”.8

Así es como se siente encarnar una idealización, no solo en los Dos sino de diferentes maneras en todos los tipos: una peculiar sensación de necesidad que nos incita a actuar y hacer lo que sabemos hacer tan bien y quizás después una cierta desorientación a causa de ello. Nuestro desafío es encontrar formas de conocernos y darnos de una manera más auténtica, sentida, intencional y satisfactoria, que podamos sentir en el cuerpo.

Al estar acostumbrado a pensar en términos de necesidades frustradas y de descripciones de los tipos que las enfatizan, me sorprendí profundamente al darme cuenta de que las idealizaciones de los tipos tienen que ver con dar. Ahora me siento mejor respecto a los eneatipos, acerca de las personas en general y respecto de mí mismo, como espero que les suceda a los demás. No somos un conjunto de tacaños y glotones, no importa lo equivocadas que nuestras acciones puedan estar a veces. En algún lugar, muy en el fondo, yo lo sabía, como sospecho que otros también lo saben. No digo que deba tomarse al tipo como algo positivo en vez de negativo, saludable y no patológico: tiene los dos aspectos y dada la manera particular en que se desarrollan los seres humanos, algo así puede haber sido necesario para el funcionamiento inicial del yo en las relaciones. Lo que me parece importante subrayar es que los patrones de los tipos surgen de una experiencia profunda y dolorosamente negativa, pero pretenden más que la supervivencia. Eso nos dice algo de la naturaleza humana que no siempre se apreció en su totalidad.

Trabajando con el tipo

Hoy hay maneras para trabajar con este material que van directo al punto. Primero podemos aprender a reconocer nuestra reactividad, la manera en que solemos sentirnos lastimados o amenazados. Experimentamos ese aspecto de todos los patrones de los tipos en diferentes medidas, y no necesitamos convencernos de que sea lo que sea que hayamos sentido en falta, en realidad ahora está disponible, pero lo que debemos abordar es ese sentimiento persistente que nos dificulta entender cómo eso pudo pasar. Segundo, podemos reexaminar la manera en que nuestra atención se dirige a los demás, aprendiendo a distinguir entre los verdaderos y sentidos actos de amor, apoyo y apreciación y otros actos que realizamos con una peculiar sensación vacía de necesidad, como agentes de nuestro tipo de idealización. Aquí también sería más eficaz, en vez de solamente describir nuestra estructura tipo en detalle, ir más a lo profundo y trabajar sobre los sentimientos específicos que lo conducen.

Encontré no hace mucho un método terapéutico llamado Psicoterapia Integrativa Corporal9 (IBP por sus iniciales en inglés) que tiene exactamente ese abordaje. La IBP aborda las dificultades de la temprana infancia formulando “mensajes” energéticos esenciales que podemos imaginar haber recibido (aunque de hecho no los recibimos, y casi nadie los recibe) de un buen padre. Muchos de ellos suenan como si se hubieran diseñado para los desafíos de los eneatipos y con unas pocas alteraciones10 pueden reunirse una lista de nueve que encajan perfectamente con los tipos:

1. Estoy orgulloso de ti.

2. Te cuidaré con amor.

3. Te amo no por lo que haces, sino por quién eres.

4. Eres especial para mí.

5. Te veo y te escucho.

6. Puedes confiar en mí, siempre estaré para ti.

7. Quiero lo mejor para ti, incluso cuando digo: No

8. Te respeto como persona por derecho propio.

9. Te quiero y te doy la bienvenida.

Lo que importa no es decir o pensar exactamente esas palabras , que se pueden variar si algo diferente funciona mejor para ti, sino enfocarse en la calidad energética que aportan como mensajes relacionales y permitir que evoquen sentimientos en tu cuerpo que quizás no sientas desde hace mucho tiempo. Como repetimos tantas veces con tristeza “la conciencia no es suficiente”: los sentimientos de benevolencia que ya no son familiares no se materializan instantáneamente una vez que reconocemos lo insuficientes que son nuestros intentos por imitarlos. Debemos encontrarlos y reconectarnos con ellos, y cultivarlos con paciencia y amor. Esos “buenos mensajes parentales” pueden ayudarnos porque son lo suficientemente objetivos para guiarnos de nuevo a aspectos perdidos muy importantes en la sensación de falta de las relaciones.

En la primera infancia, absortos en nuestra experiencia inmediata usamos la imaginación para escapar de los malos sentimientos sobre nosotros mismos, desarrollando la idealización de un tipo, pero la imaginación no es suficiente, porque no se puede cambiar la manera en que uno siente de verdad. Como adultos contamos con mejores recursos para volver sobre el problema. Lo primero que puedes notar al trabajar con estos mensajes es una vieja sensación de dolor o sufrimiento debido a un sentimiento en falta, y si permaneces con él, puedes también empezar a tener una sensación de ese buen sentimiento. Si eso no funciona enseguida puede ayudarnos respirar unos minutos más profundamente o levantarnos y movernos, porque sentirnos mal respecto a nosotros mismos hace que la energía de nuestros cuerpos disminuya y dificulta el acceso a los sentimientos más genuinos. Este es un enfoque simple que puede practicarse en grupo o individualmente. No requiere de muchas preguntas acerca de cómo llegamos a tener dificultades con ese sentimiento relacional crucial en la infancia o por qué más con uno que con los otros, en cambio se enfoca en resolver esas dificultades aprendiendo a reconocer y cultivar esos sentimientos en el cuerpo en el aquí y ahora.

Comprender la vergüenza

Hasta ahora hablé un poco en nebulosa acerca de “sentirnos mal respecto a nosotros mismos”, lo que es adecuado y en general una buena idea para trabajar con los patrones de los tipos en la forma que he descripto. De todas formas quiero explicar esto un poco más y aportar algunos conocimientos científicos de soporte para una visión diferente de los eneatipos que de otra manera podría parecer muy especulativa. La IBP no usa la palabra “vergüenza” y puede ser difícil e incómodo hablar sobre ella de manera explícita porque solo el hecho de hacerlo tiende a disparar la experiencia, algo muy desagradable que en general tratamos de evitar. De hecho solemos defendernos bien de ella; tuve que trabajar con este material varios meses hasta que llegue a buenos términos con ella y encontré ese proceso difícil y angustiante. A veces, al escribir esta parte me daba cuenta que me sentía incómodo y tenía que respirar profundamente un par de veces y trabajar en ello, y el leerlo puede generar el mismo efecto en ti. Hay veces en que tenemos que enfocarnos en la vergüenza, de todas formas, porque es parte importante de la condición humana.

Por “vergüenza” no quiero decir el remordimiento que sentimos al pensar en algo que hicimos y fue censurado, aunque si eso comienza a fraguarse como culpa, la vergüenza aparece envuelta. La vergüenza es el sentimiento que subyace a la desagradable experiencia que tenemos cuando pasa algo malo en la relación (ya sea por nuestra culpa o no) y lo tomamos de manera personal; cuando quedamos atrapados en la victimización o la depresión o intentamos escapar de ella liberando toda nuestra ira. La tendencia a sentir vergüenza y el peso de soportarla son las razones por las cuales nos culpamos tan fácilmente el uno al otro en las relaciones y es la clave en la dinámica de los eneatipos. La sola descripción de la visión del mundo de nuestro tipo puede generar la vergüenza asociada, incluso sin tener conciencia de ella o nombrarla, por lo que no es sensato exagerar sin contraponer algo positivo para balancear y es el motivo por el cual algunas personas deciden que el Eneagrama no es útil para ellos.

La vergüenza es lo que “mina nuestra fuerza vital”, como dijo claramente Helen Palmer. Debemos entender eso para no culparnos por ser perversos o intolerantes y empeorar la situación. La vergüenza nos quita la capacidad de sentir lo bueno que hay en nosotros y en nuestras relaciones, parece quitarnos las posibilidades que vemos en otros que disfrutan de la vida. Conozco esa experiencia no solo a través del trabajo con los tipos sino también por tratar con traumas tempranos. La vergüenza nos hace sentir atrapados por las consecuencias de experiencias negativas previas, como si nada más importase, y dirige allí nuestra ira en un ritual inútil buscando culpar a los demás o a nosotros mismos. Es difícil incluso cuestionar esa historia desde un estado en el que parece haber desaparecido toda la energía, los recuerdos o cualquier posibilidad positiva, así que el desafío es tomar conciencia de ello y de la sensación completa de uno mismo.

Es útil entender esta difícil situación desde una perspectiva biológica y puede reducir la carga o el estigma. Contrariamente a la imaginación popular, la evolución no es solo una historia de progreso y muchas veces funciona de manera poco convencional. La vergüenza es parte de la naturaleza humana, nuestra herencia evolutiva como mamíferos sociales, la misma herencia que también nos aportó la calidez del amor. Es el mecanismo que encontró la evolución para promover la cooperación social, lo que incrementó las posibilidades de sobrevida de nuestros ancestros mamíferos. (Es allí donde aparece el tema de la supervivencia en escena, y es algo bastante remoto.) Por vergüenza renunciaban a sus deseos y a su voluntad, cediendo ante los demás en una jerarquía de dominación relativamente estable que minimizaba el riesgo de conflictos graves. Los seres humanos tienen una mente mucho más compleja que los mamíferos a partir de los cuales evolucionó la vergüenza, y en vez de someternos a ella, inconscientemente tratamos de evitar experimentarla de maneras muy interesantes que en realidad tienden a producir y a agravar el conflicto. La vergüenza es el aspecto más irracional de nuestra naturaleza y sin lugar a dudas se desarrolló para inducir un comportamiento más cooperativo haciendo que los individuos se sintieran mal en las relaciones. Esa extraña herencia explica los patrones de los tipos y muchas cosas más, incluyendo la depresión y otros aspectos del trauma: los objetivos naturales o racionales dejan de importar de una manera que es incluso difícil de entender en el momento. La vergüenza logra que nos digamos “no es para mí”, que es el motivo por el cual los patrones de los tipos no podrían basarse en tratar de conseguir lo que queremos.

El neurobiólogo Jaak Panksepp describe un Sistema instintivo primal mamífero emocional llamado BÚSQUEDA que funciona por debajo de todos los demás sistemas, incluso de los de MIEDO, ANSIEDAD e IRA acerca de los que escribió Jack Killen. El Sistema de BÚSQUEDA genera “una anticipación eufórica y excitada” del éxito en obtener recursos para la vida, motivando “una curiosidad intensa y entusiasmada acerca del mundo” e inspirando la sensación de ser “agentes eficaces que pueden lograr que pasen cosas en el mundo”.11 Esta es exactamente la principal funcionalidad que la vergüenza, como mecanismo biológico, debe bloquear. Como experiencia subjetiva la vergüenza no funciona o fluye al igual que las demás emociones; mientras que muchas de ellas (miedo, ansiedad, ira) tienen un aspecto “negativo” en la experiencia, aún son expresiones y defensas vitales que orientan el sistema de BÚSQUEDA hacia la necesidad de seguridad, conexión, o acción contra aquello que las obstruye y normalmente surgen y circulan apropiadamente. La experiencia de la vergüenza es todo lo contrario: no fluye pero persiste, no es tanto un sentimiento de algo, sino una ausencia de sentimiento genuino, incluso una incapacidad para sentirse completamente vivo. (En ese estado, aquellas emociones pueden también fraguar en modos crónicos de ansiedad, soledad u hostilidad). En mí, algo parece oprimir y cerrarme el pecho, mi respiración se vuelve superficial y el horizonte de mi mundo se encoje misteriosamente. La sensación es desagradable, pero solo en comparación con mejores estados que de repente son difíciles de recordar. No tiene una meta inmediata, a diferencia de emociones como el miedo, no nos motiva a hacer algo, sino que nos refrena de hacer algo. Así que comenzamos a inventar y nos quedamos atrapados en historias sobre qué es lo que está mal, por qué no nos sentimos tan bien como deberíamos o en qué nosotros (o proyectando, los demás) estamos o están equivocados.

El crítico interno

Recuerdo muy claramente el día, hace algunos años, en que mi amigo Peter anunció su gran descubrimiento en un taller de Eneagrama: “¡Soy un buen hombre!” Pienso que nadie sabía muy bien qué hacer con eso en ese tiempo; esperábamos escuchar su experiencia con los miedos imaginados y si estos mejoraban o empeoraban y quizás incluso practicar nuestros estilos de ayuda y apoyo. Nos convencemos de que nuestros problemas del tipo siempre estarán con nosotros y suponemos que cualquiera que no esté enfocado en ellos está tratando de evitarlos, como se sabe que hace la gente normalmente. Pero esto era diferente. El tono de total seguridad en la voz de Peter me impresionó, y desde entonces empecé a entender el porqué: redescubrir la sensación de lo bueno que hay en nosotros es un objetivo clave. Puedo decirme a mí mismo hoy “soy un buen hombre” y sentir apenas una vacilación, estoy trabajando en agregar el signo de exclamación y todos pueden aprender algo al intentarlo.

La enseñanza del Eneagrama apenas toca ese tema al reconocer el efecto debilitante del “crítico interno”. Una vez co-dirigí un taller sobre el tema, sintiendo que era vitalmente importante sin entender todavía cómo relacionarlo con el tipo. Los consejos respecto a cómo enfocarlo varían desde cultivar la amabilidad con nosotros mismos como antídoto, lo que pienso que es más agradable, hasta producirnos ira intencionalmente para luchar contra esa voz supuestamente intrusiva. La teoría freudiana nos ha dejado con la idea de que es la introyección de la voz paterna diciéndonos que somos malos, que no podemos hacerlo, que nunca lo conseguiremos. Ese no es el problema realmente que yo tuve en mi infancia, así que estoy bastante seguro de que esa “voz” de mi crítico (aunque pocas veces suena así) es mi propia voz, y se siente muy joven en verdad y viene de una temprana mala experiencia que de alguna manera supuse que era mi culpa.

El “crítico interno” es lo que llamamos el monitoreo interno en persecución de nuestra idealización del tipo mientras tratamos de no sentirnos mal respecto de nosotros mismos, o de mantener integrado el sentido del yo. Por eso es probable que se active y que sea más duro en ocasiones cuando fracasamos en encarnar esa idealización. Para volver a sentirnos bien otra vez, la IBP sugiere decirnos algo como lo siguiente, sintiendo como decantan las palabras y qué bien se siente esa verdad en nuestro cuerpo:

No hay nada malo en mí, no hice nada incorrecto.

A pesar de que [ejemplo de idealización del tipo] no hizo que las cosas mejoraran, eso no significa que haya algo malo en mí. 12

No me abandonaré cuando más necesito mi propio apoyo.

Si por un momento te ves tentado (como yo lo estuve) de pensar “por supuesto que hago las cosas mal”, recuerda que esta declaración es en el contexto de la primera e inocente infancia. Si no sientes que está pasando nada al principio, puedes preguntarte qué estás experimentando. Si estás preocupado puedes tratar de relajar los pensamientos y prestar atención a lo que tu cuerpo quiera decirte. Si estuviste sentado y quieto por mucho tiempo puedes levantarte, estirarte y moverte para sentir nuevamente el cuerpo. Respira hondo por uno o dos minutos, sintiendo que cada respiración te trae de nuevo energía al cuerpo. Después puedes ver cómo se siente decir esas cosas de nuevo, de manera de comenzar a despertar los instintos sanos que la vergüenza puede haberte hecho olvidar.

Espiritualidad

Tener conciencia de los patrones del eneatipo generalmente se ha visto como una herramienta útil para entenderse a uno mismo en terapia o en coaching, mientras que relajar el apego del tipo para el crecimiento personal se ha visto como un desafío mayor de naturaleza espiritual, tradicionalmente abordado en el lenguaje de leyes cósmicas y puntos de choque que no entusiasman a todos. Veo el desarrollo de la psicoterapia de los tipos como una manera de mejorar la eficacia y aumentar el atractivo de trabajar con los eneatipos y dejar el aspecto místico de la tradición del Eneagrama para los que se interesan en él, más que por la falta de una alternativa terapéutica. (En realidad, me da curiosidad saber cómo se vería hoy la teoría del Cuarto Camino. ¿Qué nos deja en el “sueño despierto” que describe Gurdjieff?)

El trabajo del Eneagrama se ha basado durante mucho tiempo en reconocer una profunda conexión entre la psicología y la espiritualidad, y espero que no me malinterprete alguno que considere que sentirse querido por la madre suena trivial comparado con la contemplación del Santo Amor: No trato de “des-espiritualizar” al sujeto o reducirlo a “pura sicología”. Por el contrario, me resulta difícil decir hasta donde llega la psicología y dónde comienza la espiritualidad, especialmente en la cultura occidental cuyas religiones se basan en gran parte en la vergüenza y en la dualidad, repitiendo el patrón de nuestro primer desarrollo.13 La psicología y la espiritualidad se superponen tanto que muchas veces tratan de describir el mismo fenómeno. Por ejemplo, aunque no soy discípulo del enfoque diamante, miré su página web mientras pensaba como terminar este artículo y me impresionó el parecido de la “teoría de los agujeros” a los mensajes parentales perdidos de la IBP y su visión del ego y mi propia propuesta de idealizaciones de los tipos:

“Cuando el amor fusión se pierde, queda en su lugar un vacío, un agujero en el ser. Este agujero después se llena por una parte de la estructura psíquica que recuerda el aspecto esencial perdido.”
“Veremos que esta verdad que el ego trata de imitar es lo que la mayor parte de las personas está buscando en su vida personal y que darse cuenta de esta verdad de qué es ser un ser humano, es el objetivo de la humanidad.”14

El mundo realmente parece necesitar esto hoy en día, como sea que se lo llame.

El espacio relacional que mucha gente comienza a sentir en un buen taller de Eneagrama no es solo un contexto conveniente de apoyo para abordar problemas individuales, es la cosa verdadera con la que originalmente perdimos conexión, lo que nos llevó a perder la conexión con nosotros mismos también. (Quizás “relacional” y “espiritual” también sean términos intercambiables.) Muchas veces tenemos una vaga sensación de que falta algo en nuestra vida, imaginando que deberíamos de alguna manera ser capaces de sentir y actuar mejor que como lo hacemos. Podría ser natural comenzar a pensar sobre las nobles virtudes que no tenemos pero aspiramos a tener. De hecho es tan natural que nosotros ya lo hemos estado haciendo desde la infancia, cuando comenzamos a desarrollar nuestro tipo de idealización. Pero pensar y hablar de las cualidades que sentimos que no tenemos, simplemente imaginando encarnar esa virtud puede ser una invitación a lo que el terapeuta budista John Welwood llama “baipás espiritual”.15 Usar la espiritualidad para escapar de dificultades personales no resueltas tiende a volverse un proyecto del ego, ahora sospecho, porque la personalidad se basa justamente en un intento del mismo tipo.

Durante toda nuestra vida tratamos de encarnar aspectos idealizados de la bondad esencial que ya no podemos sentir bien y ahora nos damos cuenta de que ese enfoque es problemático. Al mismo tiempo nuestro sentido genuino del valor que hay en nosotros debe estar ahí apoyándonos, incluso cuando nos perdemos en nuestros pensamientos, planes o recriminaciones. Eso fue conmovedoramente ilustrado por el conocido paciente “H.M.” quien después de pasar por una lobotomía temporal medial en 1953 para curar sus ataques de epilepsia no pudo formar más recuerdos o planear el futuro: cuando le preguntaban que iba a hacer al día siguiente contestaba “ cualquier cosa que sea beneficiosa”.16 La presencia y el sentido de bondad intrínseca de la vida son muy simples, la vergüenza y sus manifestaciones en la neurosis, la depresión y el trauma pueden ser obstáculos formidables. Ese es el desafío constante del ser humano, y entender los eneatipos nos lleva directo al corazón del problema.

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5 Es posible que no todos los niños puedan completar la operación mental para desarrollar una personalidad que pueda relacionarse eficazmente (acaso de forma neurótica), anticipando relaciones muy poco satisfactorias. Esto puede ayudarnos a entender los desórdenes del autismo en todo su espectro.

6 Por consiguiente, si puede desarrollarse un buen test científico para determinar el tipo, lo que podría mejorar la credibilidad del Sistema del Eneagrama, debería enfocarse en la idealización específica de cada tipo, antes que en la reactividad que la persona experimenta. (consideraba eso muy útil en los cuestionarios escritos incluso antes de entender el porqué.) Es posible que la naturaleza de estas idealizaciones no haya sido entendida, en parte porque no desarrollamos las nueve en nosotros mismos y por eso no nos resultan familiares. Por esa razón agradezco sugerencias (incluso palabras) para mejorar mis propias descripciones.

7 Confío en que a esta altura ya todos habrán notado mi inclinación por señalar malentendidos, un ejemplo excelente (y no siempre simpático) de la idealización del tipo Cinco.

8 Webinar “The Enneagram Narrative in Your Life: Heart Center” (El Eneagrama Narrativo en tu vida: Centro del corazón) en www.enneagramworldwide.com.

9 La IBP (www.ibponline.org) parece ser más conocida en Europa que en los Estados Unidos. Incorpora elementos de la teoría de los sistemas familiares, las relaciones objetales, la psicología gestáltica y el trabajo de respiración de Reich. No visualiza distintos tipos de personalidad impulsados por esos sentimientos en falta (aunque describe varios estilos de carácter poco definidos impulsados por necesidades de proximidad o espacio), así que espero que sus adeptos descubran también la importancia de los eneatipos. Agradezco al terapeuta y maestro David Sawyer por presentarme y aconsejarme en la presentación de este material de IBP, aunque traté de evitar aquí los términos específicos, porque en el Eneagrama ya hay suficientes términos.

10 El mensaje para el Ocho fue formulado por mí; cambié en el Siete: “a veces te diré un No, y eso es porque te quiero”, porque decir solo las palabras “te quiero” no es tan preciso para un Siete y agregué en el Nueve: “te doy la bienvenida”, porque ayuda a que el mensaje del Nueve tenga más sentido en otros contextos.

11Jaak Panksepp y Lucy Biven, The Archaeology of Mind (La arqueología de la mente) (Norton, 2012), pp.95-98.

12 Por ejemplo, para un Cinco: “A pesar de que tratar de entender a mi madre no hizo que las cosas mejoraran, eso no significa que haya algo malo en mí.” IBP sugiere “porque no pude ayudarla”, probablemente escrito por un Dos ya que expresa ese tipo único de idealización y después lo generalicé para el uso de los nueve tipos.

13 La vergüenza es vista como la base de la moralidad, cuando de hecho las personas pierden de vista la bondad intrínseca de las relaciones porque luchan con una gran carga de vergüenza y eso es lo que da lugar a su peor comportamiento.

14 www.ahalmaas.com/glossary/theory-of-holes, truth.

15 Ver por ejemplo la entrevista: “Human Nature, Buddha Nature” en www.johnwelwood.com.

16 La amnesia de Henry Molaison lo convirtió en un sujeto de estudio por el resto de su vida. La transcripción de esta fascinante y emotiva entrevista, realizada en el M.I.T. en 1992, puede verse en www.sciencemuseum.org.uk.

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